domingo, mayo 27, 2012

Explíquese, mierda


El año pasado, hice un curso de crónica con Josefina Licitra. Ella habló varias veces sobre la importancia de no dejar a nadie afuera de la historia que estábamos escribiendo, de evitar los supuestos. Y hace unos días, en Catamarca, una mujer de la Puna -que cría ganado y que no tiene nada que ver con el periodismo- me dio la misma lección. Casi a los cinco mil metros de altura, me apuné horriblemente. Cuando llegué al siguiente pueblo, alguien le contó a la mujer que me había sentido mal. Y tuvimos el siguiente diálogo.

-¿Qué le pasó, caballero?
-Me apuné -contesté.
-¿Y qué se siente? -quiso saber.

 Esa charla fue para mí una pequeña clase de periodismo. Cuando me fui del pueblo, pensé que, al contar el viaje, no podía dar por supuesto que todos mis lectores saben qué siente uno al apunarse. Esa mujer había nacido y crecido en la puna y tenía el nivel de glóbulos rojos bastante más alto que el mío. O sea que no sabe qué es la puna, así como tampoco lo sabe un porteño lector de Clarín, que nunca sintió la falta de aire en los pulmones y la cabeza a punto de explotar. En suma, la lección sería: explíquese, mierda, que la gente no tiene por qué saber.

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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

so true, mi die apunado.
buena lección.

4:37 p. m.  

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