domingo, abril 26, 2009

Sin Sixto


Cuando volvimos con Maby de visitar y entrevistar a don Sixto Palavecino, hace un par de semanas, alguien me preguntó cómo estaba. Le dije que mal, pero lúcido. "Ay, qué pena", me contestó.

Pensé que es ridículo tener pena por alguien que se va a morir. Y todavía más cuando ese alguien dedicó su vida a hacer música, a amar a su mujer, a difundir algo en lo que creía y a ser feliz.

Cuando me enteré de su muerte, estaba solo en una habitación de hotel en La Paz, Entre Ríos. Apagué la tele. Me senté en el borde de la cama de una plaza. Y pensé un largo rato en esa vida tan bien usada, en esos 94 años de canciones múltiples, de fiestas, de trabajo y de violines cálidos.

Uno que lleva una vida mediocre, amores torpes y apuros berretas puede sentir cualquier cosa por don Sixto, menos pena. El sí que puede irse tranquilo.

La foto que ilustra este post fue tomada por Maby Sosa (gracias, hijita) el domingo 22 de marzo en la casa de don Sixto.

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2 Comments:

Blogger Martina Delacroix said...

Qué lindo lo que has escrito, caro amigo, sobre todo el último párrafo. Como dijiste otras veces, hay que saber morirse.
Besos.
Marti.

11:00 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

Me encantó tu comentario, Dieguito. Es muy lindo lo que decís.
Me viene a la memoria algo que dijo no me acuerdo quien; "hay que vivir la vida de tal suerte que al morir viva la muerte"

La mami

11:38 p.m.  

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