lunes, mayo 18, 2009

Soledad, Los Nocheros y El Chaqueño Palavecino II

Estaba en Juan B. Justo y Jonte, Liniers. Sábado a la noche. Hacía un frío bochornoso. Comía un pancho y hacía tiempo para entrar al recital. En un momento, se me acerca alguien y me dice: "Maestro, vendo dos entradas. Se las dejo a 50. Salen 65. Son originales".

Dejé el pancho por un rato -gesto poco frecuente en un gordo- y me di cuenta de que el tío no era un revendedor. No sé por qué. Será porque estaba demasiado triste o porque las ofrecía casi pidiendo perdón. Y me dio curiosidad.

-¿Le fallaron, maestro?
-Sí, mi novia no quiso acompañarme. Y no quiero entrar solo. Sin ella no quiero ir a ningún lado.

No lo abracé porque me dio vergüenza. No le compré las entradas porque ya tenía la mía. Ese hombre necesitaba urgente volver a su casa y deprimirse como dios manda. Sólo atiné a convidarle un poco de Coca Cola, ponerle una mano en el hombro y decirle: "Uh, maestro, qué cagada". Con una mueca que hace mucho tiempo fue sonrisa, agreció el gesto. Y se fue.

2 Comments:

Blogger Juanjo Domínguez said...

Pobre hombre, vieja. Qué dolor.

11:05 p.m.  
Blogger Diego Jemio said...

Sí, pobre. Era el hombre más triste del mundo porque, además de tristeza, tenía frío y un hueco económico. Abrazo
D

11:44 p.m.  

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