jueves, febrero 18, 2010

Padres


En Colombia, me crucé con un par de familias. Algunas me alojaron, a otras las pasé de largo o compartí sólo una charla de minutos. En todas, el hombre era un accesorio en la casa, un pelele. O directamente estaba ausente, era un no sabe no contesta inmenso. Era ausencia o, quizá peor, presencia estéril.

Ellos no se involucran en la crianza del chico, no lo alzan, no le cambian los pañales ni lo sacan a pasear solos... Hacen los hijos y se van. O están pero son menos que cero. Ellas son proveedoras, crian al chico, hacen la comida y emulan a aquellas minas que Silvio retrató en Mujeres.

Cuando las veía, pensaba mucho en lo que significa el gesto de poner la mesa. En ese poema de Lima Quintana en la que la gente necesaria pone la mesa, sirve el puchero y regala una sinfonía de entrecasa. No vi a tipos poniendo la mesa y vi a muchos sentándose y esperando que la comida llegue por generación espontánea.

Quizá este post sea el otro lado de la moneda del que escribí hace unos días. Quizá aquellas mujeres, al tener estos hombres, la piensan dos veces antes de parir.

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2 Comments:

Blogger JLRocha said...

Hola, Diego...

En Colombia el machismo tiene un grado altísimo y lo peor es que a las mujeres les gusta. Por eso esas marchitas feministas valen huevo acá...

Un abrazo,
JLRocha

12:47 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Mmm,marchitas feministas?
Se necesitan bienvenidas, mesas puestas, conversaciones amigables para dar lugar a otro y a otra...
a pesar de esas expresiones insistimos en participar, en hacer parte del diálogo.

Mujer en proceso.

4:18 p. m.  

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