jueves, diciembre 05, 2013

Arrimarse al árbol


Conocí a mis cuatro abuelos. Nunca me interesó demasiado saber más allá de la tercera generación. Sé que tengo algunos de sus rasgos físicos y de personalidad, como también de mis viejos. ¿Por qué será que no me interesa ir más allá en el árbol genealógico? Saramago tiene la respuesta en su libro Las maletas del viajero.
"Nunca he sido afecto a esa vanidad necrófila que lleva a tanta gente a inquirir el pasado y a quienes pasaron buscando las ramas y los injertos del árbol que ninguna botánica menciona: el genealógico. Entiendo que cada uno de nosotros es, por encima de todo, hijo de sus obras, de los que va haciendo durante el tiempo en que por aquí anda. Saber de dónde venimos y quién nos engendró sólo nos da una leve firmeza civil, sólo nos concede una especie de lustre al que en nada contribuimos, pero que evita respuestas embarazosas y miradas más curiosas de lo que permitirán la buena educación. Ser hijo de alguien lo bastante conocido como para que no queden en blanco las líneas del documento de identidad, es como venir al mundo con sello y salvoconducto...". "Tenía que llegar el día en que contara estas cosas. Nada de esto tiene importancia, a no ser para mí. Un abuelo bereber, otro abuelo dejado en el torno de un hospicio (quizás hijo oculto de una duquesa, ¿quién sabe?), una abuela maravillosamente bella, unos padres graves y hermosos, una flor en un retrato… ¿qué otras genealogías pueden importarme?, ¿a qué mejor árbol me podría arrimar?”

Etiquetas: ,

Google
WWW YOUR DOMAIN NAME